sábado, 13 de octubre de 2007

Mel





Este es Mel.
Melbourne se llama.
Es una cotorra ninfa.
Mi amiga Lyd es una auténtica experta en cotorras. Sabe exáctamente lo que hay que hacer en cada caso, interpreta su comportamiento y las mutaciones de sus plumas. Ha tenido cotorras durante un montón de tiempo (al menos desde que la conozco) y sus mascotas, Tinguaro y Nefertiti, pusieron tres huevos en julio. El siete de agosto nació el primer pollo, que en principio tenía el aspecto de un kiwi rosa a medio pelar. Lyd los ha cuidado a él, a sus hermanos y a sus padres, y los bichos informes que salieron de los huevos, se han convertido en tres hermosas cotorras preadolescentes sanas, alegres y espabiladas (digo que gracias a ella, porque Tinguaro estuvo a punto de dejar tuerto al de la foto, ¡que le paró Lydia!).
Dos meses después de la eclosión del primer huevo, el hermano mayor luce como veis en la foto. PColina lo ha adoptado y esta primera semana, hemos estado totalmente pendientes del animalillo (Pablo le hace más caso a él que a mí, que soy su novia. Pero bueno, de momento pase, porque es la novedad, jeje).
Lo transportamos de casa de Lyd a casa de Pablo en una jaula de periquitos, pequeña para esta especie, y el pobre estaba asustadísimo y casi no podía ni moverse, a mí me daba una angustia tremenda, pero el domingo, Pablo compró una jaula como la de Lyd y el pequeño Mel se puso como loco de contento, parecía otro.
Es un amor de bicho. Cuando se asusta se le pone la cresta de punta (en la foto sale segundos después de recibir un primer flashazo) y cuando le soltamos tiene especial predilección por subirse a los visillos o a la lámpara del salón de Pablo. Come de la mano y te picotea cuando quiere que la dejes en paz (no hace daño). Le encanta el mijo (un cereal que come directamente de la rama) y de vez en cuándo le tomamos el pelo (¿o las plumas?) poniéndoselo por encima de la cabeza, donde no puede llegar a él. Le hemos puesto mil juguetitos en la jaula (a los que no hace demasiado caso, a pesar de que Lyd nos dijo que jugaban con todo, para mí es que le tenemos agotado) y le pusimos un columpio que luego le quitamos porque no llegaba a dominarlo y se pegaba unos guarrazos increibles. Ayer fuimos al parque a buscar algún palo para que pudiera subirse y trepar. Nos explicó Lyd, que si las perchas (son los palos que se ponen en las jaulas para que los pájaros se suban, yo no lo sabía) son palos naturales, con corteza y todo, es mejor porque van limándose las uñas (mi mano empezaba a reclamarlo). Es genial meterle cualquier artilugio nuevo en la jaula, porque primero te observa con cara de "¡Uy! ¿y eso?", luego lo mira un rato y luego se acerca, lo picotea, lo investiga, se sube...
Marta dice que voy a ser una madre terrible..."Pues mi niño tal, pues mi niño cual..."

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hija mía leerte es como escucharte hablar jajaja pobre cotorra a este paso aprende a hablar para que le dejéis tranquilo :-P

Cosas mias y otros cuentos dijo...

Jajaja!!! Vas de anónimo por la vida, pero eres Nils!! Lo seee!!!! A ti también se te lee como se te oye...